José Ignacio Cabrujas: “Este país ya NUNCA MÁS volverá a ser el mismo”

Hombres con monos de mecánico cruzan la calle. El asfalto está agrietado en algunos sitios y hundido en otros; arrimados a las aceras conviven carros de cauchos pinchados, con kioscos y tarantines donde venden perros calientes y otras comidas para el apresurado almuerzo de los obreros. Allí muy bien podía ambientarse el romance imposible entre una obrera de la fábrica de zapatos y el hijo del dueño de la empresa; ella se convertiría en dirigente sindical para defender sus derechos. El hijo del empresario le reclamaría el hecho de que pelea con mucho fervor la firma de un contrato colectivo, mientras que por su amor apenas si llora un poquito, escondida tras la máquina de hacer tacones.

No es muy difícil que se defina una telenovela en ese escenario y que alguien la escriba con buen sabor: cerca de allí, a la vuelta de la esquina, en el edificio de Marte TV, José Ignacio Cabrujas inventa historias de amor todos los días.

―Pase adelante ―dice una señorita recepcionista y muestra a Cabrujas metido en un cuartico junto con otros escritores. Están rodeados de computadoras que parecen señoras impacientes bajo las manos de unos masajistas. El escritor se levanta y busca una oficina cómoda para hablar. Una dama con porte de persona que toma decisiones, le cede la suya y José Ignacio se sienta al lado del escritorio, justamente donde un fax comienza a silbar advirtiendo que ahí viene el mensaje. Una lengua de papel aparece y baja lentamente como un ofidio. /Lea el relato completo en El Nacional/